viernes, 20 de julio de 2007

Ichoalay, El Gran Caudillo Y Caballero Abipón

IndianIndian
Además del nombre, tuvo todas las virtudes de un cacique, nació en un lugar muy noble entre los riikahes, una rama de los abipones y era pariente cercano del mismo Debavakaikín.

Tenía gran estatura, cara ovalada, nariz aguileña, de vigor capaz para cualquier carga de la guerra y con aquella apostura del cuerpo que expresaba y recomendaba su fuerza militar.

Parece que los riikahes pactaron antiguamente una tregua con los santafesinos, e Ychoalay, por ese tiempo, siendo muchacho, se acercó a esa ciudad; y, atraído por una paga, trabajó para los españoles ya como domador de caballos o como guardián de los campos.

Finalmente tomó el nombre de su amo, José Benavides, nombre con el que algunos años después se le conocía como jefe de los abipones y enemigos de los españoles. Y era temido por doquier, aunque entre los suyos se lo llamará ohahári, niño.

... Estando al servicio de los españoles sobresalió en todo lugar como soldado: nunca se lo vio en el campo sin lanza y fue más animoso que el resto del pueblo (...) Hastiado de su suerte y de la compañía de los españoles, se volvió con sus abipones, que por aquel tiempo hostigaban al campo cordobés con sus cotidianas incursiones.

Como tuviera la más dura animosidad contra los españoles, se unió a sus compatriotas en cualquier robo y dirigió sus empresas con éxito. De modo que poco después pasó de compañero a jefe.

Como era de ingenio despierto y pronto de mano para todo lo que supiera en perjuicio de los españoles y de increíble fortaleza, siempre las llevó a cabo con suerte sin par. Fue partícipe de todas las victorias y peligros y parte principal de todas las matanzas de españoles que ya recordé.

Repitiendo las expediciones con el mismo éxito, nació aquella celebridad de su nombre, y tanta como fue seguido por las suyos, fue temido por los extraños.

... Lo singular fue que, aunque sirvió un tiempo en otras colonias de españoles, sin embargo respetó las colonias santafesinas y se abstuvo siempre de la muerte de los hombres consagrados a Dios. Sus compañeros ya estaban a punto de herir a un franciscano, pero cuando llegó Ychoalay se los impidió.

"¿Acaso no os avergüenza – decía – teñir vuestras lanzas en la sangre de éstos que nunca ni fueron soldados de los españoles ni enemigos de los abipones, y que nunca llevaron otra arma más que una cuerda?"...

Ninguno de nosotros duda que él fue el principal instrumento de la paz concertada entre los abipones y todos los españoles, autor y conservador de la colonia de San Jerónimo.

Siempre cultivó escrupulosamente la paz iniciada con los españoles y veló diligentemente que ninguno de sus abipones la violara, aún con peligro de su cabeza.
(De la obra: Historia de los Abipones de Martín Dobrizhoffer S.J. (S. XVIII) - Historia del Chaco- Altamirano - Dellamea de Prieto - Sbardella, para Internet.)

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