martes, 25 de abril de 2006

Leonardo Gotleyb, Un Plástico Chaqueño Universal

Sculptor
En uno de los pasos por esta, su ciudad natal, el artista que eligió el grabado como lenguaje para la expresión artística, repasa por sus recuerdos de infancia, pero también reconoce maestros, confiesa esperanzas y promulga por un arte argentino cada vez más inserto en el concierto mundial.

-¿Qué formación artística tenés? ¿Cómo te iniciaste en las artes plásticas? ¿Qué influencias reconocés?

Empecé a estudiar arte desde muy pequeño. Tu pregunta trae a mi memoria una anécdota de mi infancia. Yo era un niño muy activo, hiperquinético. Me pasaba dibujando los márgenes de los cuadernos, los muebles de la casa, las paredes, especialmente las recién pintadas.

Entonces a mi madre se le ocurrió una estupenda idea. En un lugar importante de la casa, hizo construir un gran pizarrón de material directamente sobre la pared, me regalo una caja de tizas de colores y me dijo: "Ahora dibujá todo lo que quieras".


De esta manera, yo tenía la sensación de que estaba transgrediendo por dibujar en la pared y como no tenía ninguna objeción, mis dibujos se construían una y otra vez sobre aquel muro suave de color verde.


Luego comencé a ir al Taller Libre de la Escuela provincial de Bellas Artes. Allí fue donde realmente sentí la magia de las formas, de los colores, de los materiales. Allí fue donde conocí a los que serían mis maestros, a los grandes artistas del Chaco, Fabriciano Gómez, Ricardo Jara, Iván Sagarduy, Miryam Romagnoli, entre otros.

-¿Reconocés en el grabador Ricardo Jara, un inspirador en la elección del grabado como expresión?

Debo contestarte con un rotundo sí. Ricardo era un gran maestro, nos contaba cuentos, nos hablaba con las manos, nos actuaba las historias que serían el disparador de nuestros dibujos. También sus grabados fueron muy inspiradores a la hora de elegir.

-¿Qué recuerdo tenés de los maestros chaqueños que mencionaste?

En lugar de hacer los deberes de la escuela, me escapaba a un taller que tenía Fabriciano en la calle José María Paz y Ameghino. Viéndolo trabajar en sus esculturas aprendí lo que significa el trabajo, el esfuerzo; lo que significa alumbrar una forma escondida en la materia.

Allí también conocí a otro talentosísimo artista chaqueño, Walter Sotelo, pero además, a ese taller caían Humberto Gómez, Mario Vanegas, y una amiga entrañable, que nos mira desde un cielo de cuentos de hadas, la Tucu, Silvia Aráoz.

Iván Sagarduy fue mi profesor de dibujo, me mostró nuevos caminos; y me trasmitió la pulcritud y la obsesión.


Miryam Romagnoli, desde la Academia de Bellas Artes como llamábamos en ese entonces a la Escuela Provincial de Bellas Artes, me enseñó a pensar, a relacionar; nos hizo viajar en el tiempo y el espacio; nos hizo amar la historia y el arte. También influyeron por sus enseñanzas y sus conversaciones otros grandes artistas del Chaco, como Domingo Arena y Oscar Sánchez, entre otros.


-La nueva técnica que investigaste e implementaste llamada Tecnoxilografía, mezcla de grabado tradicional en madera y el uso de diferentes materiales, ¿en qué estaba inspirada? ¿En qué te basaste?

Me basé en la producción de uno de los más grandes artistas que produjo la Argentina; me refiero a Antonio Berni, por quien tengo una gran admiración. Retomé las investigaciones sobre sus xilocollages, matrices de madera enriquecidas con elementos de desecho, materiales alternativos, verdaderos collages de la vida cotidiana, de un costado doloroso de nuestro país: la pobreza, la marginación infantil, el desarraigo. También me basé en otro gran artista argentino Luis Seoane. De ambos tomé su actitud de búsqueda constante.

Pero si debo ser absolutamente honesto, quien me modeló, quien me enseñó a indagar en los procesos, en los materiales y en la observación del lenguaje gráfico, fue sin ninguna duda, una artista de hoy, un referente de la gráfica contemporánea de nuestro país y el mundo, mi ex mujer, la artista Alicia Díaz Rinaldi.


- ¿Qué significó para vos esa relación tan fuerte con una artista como Alicia?

Fue mi maestra del arte y de la vida.

¿Qué sabés del panorama chaqueño en cuanto al grabado, después de los encuentros que se realizaron en la plaza 25 de Mayo?

La verdad es que sé poco. No conozco mucho de lo que está pasando en ese orden en el Chaco. Es una pena que esos encuentros no hayan tenido continuidad.

-¿Te motivó El grupo 6, de los grabadores para seguir haciendo grabado? ¿Qué influencia tuvieron en tu obra?

El Grupo 6, fundado por Alicia Díaz Rinaldi y Matilde Marín en 1984 e integrado, además, por Graciela Zar, Zulema Maza, Olga Billoir y Oscar Manesi, fue una bocanada de aire fresco para el grabado argentino contemporáneo. Yo vi su desarrollo de cerca, ya que en ese momento, comencé mi relación con la que sería mi esposa por 19 años, Alicia Díaz Rinaldi. Creo que fue mi gran escuela y de la mejor manera, viviéndolo desde adentro.

- ¿A qué se debe el característico formato grande de tus obras?

Hay obras pequeñas que parecen monumentales y otras que necesitan del tamaño, para su mejor apreciación. Me gusta el desafío que provocan los materiales.

Me seduce la invitación que provoca una obra de gran formato a introducirnos en sus entrañas, como sucede con el espejo de Alicia en el país de las maravillas.


-¿Podés vivir solamente de tus obras?

El artista argentino debe mostrar su creatividad no sólo al realizar su obra, sino también a la hora de inventarse un ingreso que posibilite vivir de su profesión.

Yo alterno entre la producción artística, mis clases en el IUNA, Instituto Universitario Nacional de las Artes, ex Prilidiano Pueyrredón, y el Instituto Superior de Bellas Artes Santa Ana. También enseño en mi taller y dicto seminarios de gráfica en diferentes simposios de nuestro país y el exterior. También son de gran ayuda los premios y becas.

Justamente, a fines de mayo viajo a Valladolid, España, para inaugurar una exposición de mis obras y dictar un taller de Tecnoxilografia, para artistas y estudiantes.


- ¿Qué te parece el mercado de arte argentino en cuanto al grabado?

El mercado del arte en general es bastante escaso, y eso no pasa sólo por un problema económico. Creo que es de índole cultural, falta de educación, timidez, ya que existe obra de todos los precios, para todos lo niveles.

- ¿Cómo se convierte la timidez en un impedimento para la adquisición de la obra?

Seamos realistas, existen claras prioridades que marcan nuestro comportamiento. Pero, a veces, pasa que la gente, por vergüenza, no se anima a preguntar el precio de una obra. Más de uno se llevaría una sorpresa al averiguar cuánto vale una obra de arte.

Un grabado, justamente, es una alternativa posible, ya que se trata de un "original múltiple" y esa multiplicidad, representada en pequeñas ediciones seriadas, permite obtener bellas obras originales, a un precio reducido.


- ¿Por qué es necesario relacionarse con las obras de arte?

Leer, ir al cine, ver una obra de teatro, visitar un museo, desarrolla nuestra creatividad, nos da otra perspectiva de la vida. Nos muestra caminos diferentes de los ya conocidos. Nos ayuda a pensar y a pensarnos.

Consumir arte no significa sólo comprar obras, sino interesarse por ellas. Jugar sus juegos, descubrir sus propuestas.


- Vos que sos un inventor de ciudades, ¿cuál dirías que es la relación de las ciudades con sus artistas?

Las ciudades crecen y se mimetizan con la magia de sus creadores, es el caso de La Boca y Quinquela Martín, el pasaje Lanín y Marino Santa María, Barcelona y Gaudi, Venecia y Canaletto, Viena con Hundertwasser.

Y sin temor a equivocarme, ¿qué sería Resistencia, sin Fabriciano?

Se me está ocurriendo un buen argumento para un cuento de Mempo Giardineli, una ciudad que poseía una tierra tan fértil y mágica, que donde plantabas un trozo de mármol, de metal o madera, crecía irremediablemente una escultura.

Cualquier semejanza con la realidad, es pura coincidencia.


-¿Creés que con la nueva tecnología del arte digital, el grabado pasará a extinguirse o se hará de una manera tan fácil y reproducible que se perderá la impresión artesanal ?

Históricamente el artista se nutrió de los adelantos tecnológicos para incorporarlos a la obra de arte, así que no veo porqué hoy sería distinto.

Lo importante es mantener viva la poesía, con una computadora o un pedacito de carbón.
El problema se suscita cuando ciertos dictadores del arte dicen lo que debemos utilizar, reemplazando unos medios por otros en forma imperativa.

La situación ideal es aquella donde el artista elige libremente la manera de expresarse, sin excluir un medio por otro, y en la cual "todo" y "todos" conviven en armonía y respeto.


- ¿Cómo fue tu inserción en el mercado mundial?

Tratando de dar siempre lo mejor de mi. Sin ahorrarme esfuerzos. De esa manera fui construyendo un camino.

Todo comenzó a partir de mi participación en diferentes bienales internacionales de gráfica. Mi obra tiene un sello personal, algo distintivo que gustó. Así obtuve numerosos premios. Luego vinieron exposiciones en museos y galerías, invitaciones para dictar conferencias y seminarios.
Una receta infalible, amor y obsesión por lo que elegimos.


Sabemos de tus reconocimientos, en nuestro país y el mundo. Quince premios internacionales, todo un record para un artista argentino, recordás alguno en especial?

Las obras son el resultado de un arduo trabajo, de mucho esfuerzo, y los premios si bien, producen una inmensa alegría, son resultado de circunstancias imponderables.
Se compite muchas veces con más de 1.000 artistas de todo el mundo, entonces, nuestra obra, debe intentar ser escuchada. A veces hablando, otras seduciendo y si es necesario gritando.


-¿Y en la Argentina?

En nuestro país obtuve más de 60 premios. Recuerdo muy bien el primer premio que gané, cuando todavía era un jovencito y participé de un concurso de estudiantes en Resistencia. Obtuve la primera mención con un grabado que había hecho bajo la tutela de Ricardo Jara. Me produjo una enorme alegría, creo que fue un importante estímulo.

Después vinieron el Primer Premio del Salón Nacional de Dibujo y Grabado, el Primer Premio del Salón Municipal Manuel Belgrano, el Primer Premio del Salón Nacional de Santa Fe, el Primer Premio del Salón Chandon de Grabado y Dibujo y el Premio Fundación Alejandro E. Shaw de Grabado otorgado por la Academia Nacional de Bellas Artes.


- ¿Podés contarnos la anécdota que más recuerdes de tus múltiples viajes por motivos artísticos?

La que me viene inmediatamente a la cabeza, ocurrió en un cuarto de hotel en Kassel, Alemania, donde estamos sentados en dos camas, María Elena Walsh, Hernán Dompé, Sara Fazio, Alicia Díaz Rinaldi, Ana Eckel, Diana Doweck, Germán Gargano, Gabriela Aberastury, y yo, cada uno con una botella de "sekt", el champagne alemán, y María Elena leyendo un poema de su último libro. Afuera, desde la ventana una escultura que recordaba a los hermanos Grimm, nos saludaba. Como dice Rafael de León en su poema "Profecía", " con eso tengo bastante".
Fuente: Diario Norte.

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