martes, 11 de abril de 2006

Miraflores: Perla de El Impenetrable

Flower
En la década del 60 se hicieron rutas en El Impenetrable hasta Miraflores; y la Juana Azurduy, que atraviesa gran cantidad de parajes y colonias de la región. El esfuerzo de Negrita y Esteban Veleff por convertir a Miraflores en un pueblo es digno de mencionar.

El 11 de noviembre de 1978 comienza a funcionar el consorcio caminero 85, otra joyita de Miraflores.

El choque de culturas es una constante: aborígenes y criollos convergen en este bastión de El Impenetrable, ubicado a 47 kilómetros de Castelli. Con la ruta 9 finalizada, se ha consolidado definitivamente como una verdadera puerta a la inmensa zona; ya que la mayoría de los pobladores, incluso de Comandancia Frías, llegan al pueblo.

La localidad fue fundada hace 65 años y cada 5 de octubre se festeja su aniversario; su patrono es San Miguel. 65 años de sueños y sacrificios para una población en su mayoría de la etnia toba; aunque los apellidos gringos sorprenden rasgos de inmigrantes búlgaros y alemanes, entre otros.

La plaza central se llama Celso Peaz; y los pobladores —como queriendo cubrirse del arrasador calor— nombraron a la mayoría de las calles céntricas con nombres de árboles.

El pueblo avanza con un crecimiento de natalidad enorme, si se tiene en cuenta que el año pasado se registraron 580 nacimientos. 47 parajes y colonias dependen de Miraflores y con ellos se estima un total de 14.000 pobladores; mientras que en el sector urbano no habitan más de 4000 criollos y 3000 aborígenes en los barrios periféricos.

Otro de los orgullos de la localidad es su hospital de alta complejidad —que atiende mensualmente a más de dos mil pacientes— en cuanto al equipamiento y a los profesionales, y cuenta con equipo de ecografía, rayos, laboratorio y odontología, entre otras comodidades. Mario Gómez, el mandatario comunal, señaló que "es envidiable para la zona ya que en todo el departamento Güemes no contamos con algo así".

Cuenta también con una escuela secundaria, una primaria, un jardín de infantes, juzgado de paz delegación del Senasa, dos FM, servicio de internet. La falta de red domiciliaría de teléfonos es uno de los grandes problemas, ya que sólo es posible la comunicación con celulares. Es un pedido desesperado de esta comunicad de El Impenetrable la instalación de una red domiciliaria.

Miraflores, antigua villa aborigen ... Las anécdotas del origen de su nombre se pierden en el tiempo y en las distancias. Algunos dicen que cuando vinieron dos hacendados salteños, Biterman y Paz.

Otros recuerdan que después de varias peripecias y mucho monte descubrieron un vasto campo cubierto de flores y de allí surgió el nombre: "Mirá, flores". La flor que predominaba era la diente de león, minúscula y amarilla. Todavía se manifiesta su exuberante vegetación en la zona urbana. No así en la rural, que está poblada por cactus, vinales y monte alto.

Las flores de antaño que recibieron a los pioneros ya no están y sólo recuerdan al Miraflores de años atrás los carros que todas las mañanas recorren el pueblo con su clásico ruido de arneses y cadenas y el andar de caballos cansados. Aún, en las noches estrelladas, se escucha el grito de algún zorro; y al atardecer las charatas —entre música tecno, chamamé y cumbias— dejan oír su canto de monte y libertad.

Si bien no cuenta con industrias ni nada parecido, existen varias ladrillerías; aunque Miguela Centurión, más conocida como Negrita, reclama que "la madera quede acá. Con tanta madera que se saca de la zona, toda va a Machagai y a otros lugares; pero no tenemos otra industria por ahora".

Se continúa sembrando algodón: en sus colonias existen más de 700 pequeños productores dependientes de Miraflores, en su mayoría minifundistas de no más de 400 hectáreas. Es también una amplia zona ganadera y la raza bovina comienza una lenta mejora adaptando la raza Brangus. La producción caprina ha tenido una gran influencia del Progano, ya que la genética de los rodeos es buena.

Los animales sufren estoicamente la sequía; pero lo que ha afectado de manera sustancial al sector productivo —sobre todo en el algodón— es que desde hace cuatro años se vienen reiterando malas campañas.

Los clásicos sombreros de los pobladores del norte son un ícono destacable de esta gente. Es así como me acerco a una vieja Ford y me encuentro con un productor de la zona, Ayodato Peñaloza, de charla breve, construida con frases cortas.

Esbozando una sonrisa dura y fría, sólo repite, como para sí mismo: "No se puede trabajar con los gobiernos. Antes, con el general Perón, las cosas iban mejor". El eco de sus palabras un poco cascadas fueron como el repicar de campanas tantas veces agitadas y no escuchadas: "El gobierno no ayuda", volvió a decir.

Mario Gómez, con su habitual calma y su tonada que delata orígenes correntinos, cuenta que "con la llegada de la ruta asfaltada, que fue inaugurada el 7 de diciembre de 2003, cuando era todavía gobernador Ángel Rozas, quien fue además el impulsor y creador de la ruta Esteban Veleff (vecino de una extensa trayectoria de trabajo en Miraflores), creo que entonces comenzó a despegar el pueblo", sentencia.

"Otra cosa —dice— que creo que ayudó al crecimiento de Miraflores fue cuando, en el año 1993, se creó la escuela secundaria. Entonces los pequeños productores comenzaron a traer a sus hijos al pueblo para que estudien y consiguieron sus terrenos, armaron sus casas; y me arriesgo a decir que en el pueblo las viviendas no tienen techos de tierra".

"La gente se defiende como puede, a pesar de los bajos costos del producto en todo el sector. Aunque ahora tenemos un equilibrio en el algodón; pero los rindes son bajos porque la sequía nos arruinó un 85%", señalo Gómez.

Continúa explicando que "falta mano de obra transitoria y eso repercute en el municipio; ya que estamos paliando la situación. Pero yo soy nacido y criado acá, y sé que si la gente pide es porque no tiene alternativas; no es porque sean vagos", subrayó.

El desarrollo social —como en tantos pueblos chaqueños— es un pilar fundamental de contención de la población, ya que un total de 47 escuelas están ubicadas en el ejido de la municipalidad; cuentan con su comedor y el Pronu Chaco y el refuerzo escolar ayudan en forma significativa y además se cuenta con un comedor transitorio con más de 300 chicos.

"Incentivar las industrias" —dice Gómez—, ése es el futuro que quiere para su querido Miraflores. "Sobre todo la maderera, porque el 80% de la materia prima sale de nuestra zona. Ofrecerles a las pequeñas empresas un parque industrial para que desarrollen sus actividades, para poder acrecentar el potencial económico de la región y la ocupación de mano de obra local", sintetizó.

"El segundo aspecto pasa por fortalecer la distribución del agua, por lo que el tramo del acueducto del remanso del río Negro está terminado, también el depósito del agua; pero falta una extensión de red domiciliaria y una miniplanta potabilizadora. Confío en el gobierno, que tiene conocimiento del acarreo de agua que hacemos a diario", señaló.

La construcción del CEP 90 es un anhelo que ya comenzó a manifestarse y por fin la escuela secundaria contará con un edificio propio. Y, epilogando entre varios temas, dijo el mandatario comunal:

"Con el consorcio caminero estamos trabajando en la apertura de 40 kilómetros de caminos vecinales. En la zona de Los Rosales, hacia el paraje Bajo Hondo, limitando con La Fidelidad, para una salida rápida de la producción agrícola y ganadera", destacó.

Los lotes 71 y 76 están poblados por aborígenes callados y taciturnos, quienes se mimetizan con la cultura de los blancos. Felipe Gómez representa a la comunidad aborigen y cuenta con una oficina en la municipalidad.

El intendente Gómez se refiere al tema de los aborígenes y aclara que "tenemos una buena relación con los aborígenes. El Idach es una institución que los representa; pero hace oído sordo a la atención y al acompañamiento, ya que tienen muy buena disposición de trabajar pero su organismo no baja proyectos para ellos; ni salida laboral ni proyectos productivos y ahora confió en que con el cambio en el Idach miren nuestra zona y nos pongamos a trabajar en conjunto para el bien de ellos.

Y me pongo a disposición de las autoridades del instituto", señala y aclara: "No nos olvidemos de que tenemos dos grandes etnias, la toba y la wichí, en la zona y viven de su trabajo en artesanías. Aunque la mayoría de los aborígenes viven de changas".

Carlos Chatita Aranda, menudo en contextura física, un aborigen ya anciano pero su cuerpo se ha estancado en los 60 años. Los recuerdos con su castellano duro se funden en la mezcla de misceláneas de antiguas conquistas y cómo aprendió a tomar mate.

Solo. Está solo y su mirada cansina refleja el paso no sólo de los años, sino también del olvido. El diálogo está poblado de silencios. Recuerdos de cachapés y matanzas de ambos bandos. Me cuenta, ya contagiado de los blancos, que "era muy buen jugador de fútbol".

Tiempo de recuerdos. Silencios de años. "Mi abuelo decía que Miraflores iba a ser un pueblo; y ahora es —dice—. Fotos, no. Eso sí que no", me expresa y se aleja.

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