miércoles, 26 de julio de 2006

La Agonía Del Río Negro

Ligado desde sus inicios a la historia de la provincia, hoy el río Negro no es más que una sombra de aquel paisaje que los primeros colonos vieron cuando surcaron sus aguas en 1878.

Lejos de aquella visión y el significado de vida que tuvo para la comunidad durante varias décadas, el serpenteante dibujo de sus más de 400 kilómetros de extensión ya no es tenido en cuenta, y su paso por pequeñas localidades hasta llegar a la gran ciudad lo ha convertido en una gran cloaca.

La época de esplendor del ahora notorio foco de contaminación hoy perdura solamente en el anecdotario popular de quienes pudieron disfrutar de su balneario o pescar en sus aguas. El paseo costanero y la afluencia de visitantes que atrajo la Bienal Internacional de Escultura desnudan la cruda realidad del patrimonio hídrico histórico del Chaco, que se presenta agonizante ante miles de personas.

Las industrias que se radicaron junto a su curso y la creciente población que fue ganándole espacio al río no hicieron más que sentenciarlo a una muerte lenta.

A esta agresión se le suman décadas de falta de control por parte del Estado, que recién a partir de 1998 generó las resoluciones que permiten hacer un seguimiento; pero esto para muchos llegó demasiado tarde, porque hoy el río se muestra irreversiblemente condenado a una suerte amarga por la falta de programas e inversión que posibiliten empezar a recuperarlo.

El tiempo sigue fluyendo como las aguas pestilentes de su lecho, aunque debajo de cada puente retumben aún las promesas y discursos de prontas soluciones, las que —parece— nunca llegarán porque ni provincia ni los municipios instrumentan un plan concreto que pueda llegar a devolverle parte de la vida que perdió.

Sin embargo, no todo es responsabilidad de los gobiernos; parte de la culpa la tiene la misma población, que hundió su pobreza y sus miserias en esas negras aguas, hoy cubiertas por basura y camalotes.

Este río de llanura, de avance lento, que también supo de crecientes y prolongadas sequías, sigue generando polémicas por su estado y por la difícil situación por la que atraviesa.

Los especialistas lo llaman un río en retroceso, porque su caudal mermó considerablemente y sus aguas no son aptas para beber ni para bañarse: hemos terminado convirtiéndolo en un curso al que sólo se lo puede mirar; pero éste, que debiera ser un espectáculo de la naturaleza en los 33 kilómetros generosos que dedica a la ciudad de Resistencia, producirá cualquier efecto menos una visión agradable, porque muchos de sus tramos no aparecen más que como una frágil línea, pronta a quebrarse.

Desde lejos, solamente, la zona del paseo costanero, inaugurada recientemente, ofrece en principio una visión mejorada, muy diferente de lo que realmente es el río Negro en todo su curso; porque la limpieza apresurada que se hizo no puede ocultar toda la basura que aún hoy se acumula en sus costas y se adivina bajo las oscuras aguas.

Los funcionarios reconocen que se realizan trabajos tanto de control del nivel de contaminación como también de limpieza; estos últimos de manera superficial.

Pero también reclaman una necesaria, fuerte y constante inversión para mantenerlo limpio, aunque no descontaminado; porque el principal problema que enfrenta es el de los efluentes cloacales que llegan a su cauce.

Por eso se puede decir que el río Negro se convirtió en una gran cloaca, difícil de sanear sin un plan provincial, sin fondos y sin el compromiso de la ciudadanía.

Los municipios chaqueños que crecieron junto al río Negro marcan claramente cuáles son sus obligaciones, deslindan responsabilidades y arrojan todo el peso de los cuestionamientos al gobierno chaqueño, específicamente a la Administración Provincial del Agua.

Aunque también reconocen algunas pequeñas culpas, se escudan en lo que marca el Código de Aguas y en la falta de recursos para poder hacer un aporte importante a la causa.

En el municipio capitalino, la secretaria de Obras Públicas, Alicia Ogara, fue directamente al grano y planteó que "todo el sistema fluvial-lacustre, tanto del área metropolitana como del resto de la provincia, dependen de la APA. Por lo que establece el Código de Aguas, es obligación de ese organismo el mantenimiento y recuperación de cursos y espejos de agua en todo el territorio chaqueño".

Eso no quita que lleven adelante tareas conjuntas a través de la firma de convenios para la recuperación de lagunas, muchas de ellas antiguos recodos del río que, en la actualidad, han recobrado una función más que vital para evitar el anegamiento de distintos sectores de la ciudad.

"Respecto del río Negro, estamos trabajando en la limpieza de las costas; porque no contamos con equipos para un saneamiento integral. El último trabajo ejecutado abarcó el tramo comprendido entre los dos puentes, en el que se ubica el paseo costanero. Estamos gestionando ante la Secretaría de Recursos Naturales de la Nación fondos para este tipo de tareas, porque es una preocupación para nosotros", agrega Ogara.

Por Resistencia se escurre un tramo de río a lo largo de 33 kilómetros, y la obligación del municipio es bregar para que no se construyan viviendas sobre el sistema fluvial-lacustre, un deber que —si consideramos los resultados— parece no haber cumplido.

Sin embargo, Ogara dejó en claro que se rigen por una resolución de fines de los 90; por eso "nos enfrentamos con situaciones de hecho: muchas viviendas emplazadas y construcciones que avanzan sobre la línea de ribera que son de vieja data".

Según estudios efectuados hace un par de años, la comuna capitalina necesitaría destinar 500 mil pesos anuales para mantener libre de residuos y camalotes el tramo del cauce que atraviesa su ejido urbano; sin embargo, ese monto afectado a este destino no forma parte del presupuesto municipal.

"Hace más de una década se pensó en cobrar una eco-tasa para obtener recursos que serían destinados a la limpieza del río; porque los tributos municipales contemplan la recolección de residuos domiciliarios y la limpieza de calles y cunetas, pero ninguno incluye el río.

Esta es una discusión que nunca se instaló, porque no sé si estamos preparados para tener una tasa de esta naturaleza, estrictamente necesaria para disponer de fondos que permitan mantener el río", explicó Ogara.

Las tareas de limpieza se cumplen totalmente a mano. Además, la falta de lluvias significativas hace que el agua escurra muy lentamente; y esto provoca taponamientos y dificulta aun más los trabajos.

Además, la funcionaria municipal reconoció que, en los años que lleva trabajando en el área, nunca supo que se haya dragado el río, otro de los temas reclamados por algunos sectores de la sociedad.

"Hoy el río se limpia por sectores y de manera superficial, cuando lo ideal sería una limpieza de su curso completo".
Fuente: Chaqueña.

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