domingo, 27 de agosto de 2006

Tantas Penas Como Olvidos Para El Domo Del Centenario

Sydney Opera House
Inaugurado en setiembre de 1978, el Domo del Centenario perdura en una zona gris donde convergen la falta de políticas oficiales, un presupuesto propio y, sobre todo, un proyecto cultural y artístico que le otorgue sentido.

El Domo es, en verdad, el teatro que tiene la ciudad de Resistencia; pero semejante status no le permite, siquiera, contar con recursos genuinos para levantar la frente y mirar lejos.

Ni aún frente a la reciente coyuntura de un nuevo paseo costero que propone recuperar la relación con el río Negro que acaricia sus flancos. O la incorporación de la Fundación Urunday, en ese espacio, con la Bienal Internacional de Esculturas.

Tan vacía es su imagen institucional y su presencia, que ni siquiera los logros y noches de alto valor estético cimentan en la memoria colectiva. Pasaron por ese escenario elencos operísticos, grandes orquestas y una interminable cantidad de propuestas teatrales, de distinto corte, género y alcances.

Uno de los problemas más graves que debe enfrentar el Domo del Centenario es, sin dudas, su precaria definición institucional: "Somos casi como un ente recaudador", se lamentó Carlos Brites, quien condujo el organismo durante 26 años. "Todo lo que ingresa en el Domo, como entradas o aportes, va a Rentas Generales y no vuelve".

Brites, quien dedicó gran parte de su vida a la cúpula brillante que orilla el río Negro, no oculta su preocupación, aunque deba hacerlo desde lejos. "Me trasladaron a otra repartición, no porque hubiera problemas en el Domo, sino porque me requerían en otro lugar".

Las carencias económicas afectan cada uno de los niveles y espacios del organismo, aunque el edificio se mantenga en buen estado por su calidad constructiva. No se puede proyectar a mediano plazo, mucho menos realizar una programación anual. Pero tampoco se puede producir espectáculos, convocar nuevas expresiones o proponer una agenda cultural estable a los ciudadanos.

Es el punto clave para comprender los problemas coyunturales, a los que se agrega la decisión del municipio de separar a su director, como si fuera un comodín administrativo, sin importar los costos. Pero no sólo de un cargo respetado se trata el panorama: el Domo carece de personal técnico.

Entre sus siete empleados, ninguno es profesional en el manejo de planta de luces y sonido, rubros técnicos fundamentales para el desarrollo de toda expresión escénica.

Asimismo, son los problemas estructurales los que impiden seriamente un paso adelante. En primer plano, el lugar sufre una gran limitación en la acústica.

Según los profesionales, este impedimento es fácilmente resoluble; pero requiere no sólo estudios específicos sino también dinero para solventar las obras que requiera.

Si se lograra modificar esto, el lugar se sumaría a los auditorios de la ciudad, con conciertos regularmente programados. Y para todos los géneros; porque, en su condición actual, es un dolor de cabeza tanto para los que ejecutan a Mozart como para un grupo de rock.

Paralelamente, el equipo técnico está desactualizado, ya que nunca se lo renovó desde su inauguración, en 1978. Si bien se cambiaron algunas piezas del mecanismo, el sistema en general está obsoleto y perimido.

En la misma línea se inscribe la planta de luces, que no sólo perdió gran parte de su esquema original, sino que también está fuera de tiempo. Hace 28 años que la cosa está igual o -como es lógico pensar- fue deteriorándose hasta llegar al estado actual.

Pero la lista es mayor, ya que otro escollo sin resolución es la inclinación de la sala. Todos los teatros y auditorios dignos de esta consideración cumplen con la norma de contar con el sector para el público con una leve inclinación, de manera tal que desde todas las butacas sea posible visualizar completamente el escenario.

Esto no ocurre en el Domo, donde se sufre -y mucho- al estar después de la quinta fila de asientos. La imagen es repetida: gente que cabecea durante toda la función.

En la misma línea se inscriben los cerramientos semicirculares que se agregaron posteriormente. Son de chapa y atentan contra la acústica, la comodidad, la temperatura y hasta la visual. El Domo meritúa un cerramiento acorde con su importancia y su función.

Todos estos problemas que sufre el Domo no sólo tienen solución, sino que deben partir de una valoración correcta del lugar. "Es uno de los espacios privilegiados más importantes que tenemos en toda la región", remarcó Brites, quien insistió en la calidad general de la construcción:

"Los camarines son muy cómodos y tienen más condiciones que los del Teatro Vera, por ejemplo".

En esa valoración del lugar se debe definir, de una vez por todas, un proyecto institucional definido. Durante algún tiempo se realizaron muestras y exposiciones institucionales, pero los resultados fueron desastrosos: se deterioraron los pisos, los elementos escénicos, el mobiliario.

Sin un perfil que le otorgue identidad, el futuro del Domo está escrito. No será muy distinto del que vimos en estas casi tres décadas: gris, pobre, inestable y, sobre todo, lamentablemente desaprovechado.
Fuente: Diario Norte.

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