miércoles, 13 de septiembre de 2006

Las Nuevas Raíces De Margarita Belén

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En la última década del siglo XIX, un grupo de inmigrantes trentinos llegó hasta lo que hoy se conoce como Margarita Belén, tentado por el paisano Félix Amadeo Benítez, quien obtuvo la concesión de 65.000 hectáreas de lo que entonces era territorio nacional.

No había rutas pavimentadas ni electricidad, ni celulares, ni un Estado al cual reclamarle ayuda. Sólo brazos fuertes y la decisión de construir futuro, sembrando algodón para edificar una de las primeras cooperativas agrícolas del país.

Allí, donde todo empezó, en la cooperativa El Triunfo de Margarita Belén, hoy se concreta el sueño tantas veces hablado de cerrar la cadena de valor del algodón, transformando capullos en sábanas, ropa de trabajo, vestidos y hasta ya se animan a fabricar vaqueros para abastecer a un mercado que, como en tantas otras cosas, compra afuera lo que podrían hacer manos chaqueñas.

No existe detalle fehaciente sobre el lugar de inicio de la siembra del algodón en la provincia; pero sí se puede asegurar que las colonias de Makallé, Margarita Belén y también en las de Benítez, figuran entre los primeros lugares donde se lo cultivó; y debe citarse a Miguel Vargas Reyna entre los primeros productores.

Si bien cultivaba su chacra en las proximidades de su casa, formó su huerta, su quinta de frutales y el corral donde criaba animales, cuyos productos contribuían al sustento familiar.

Las aves de corral —principalmente gallinas— eran infaltables en las casas de los colonos; también se criaban cerdos y en todas ellas se ordeñaban algunas vacas.

En varias de ellas se producían el vino y en casi todas se elaboraba el queso, la manteca y, en tiempo invernal, los chacinados.

Pero pasaron las épocas de esplendor para el Chaco y el país. Una crisis interminable, con picos periódicos, fue devastando bolsillos y marginando a las familias. Los avatares que jaquearon al agro y al sistema cooperativo son muy conocidos para reseñarlos aquí.

Las leyes de promoción industrial que favorecieron a otras regiones, plantearon desde la década del ’80 la paradoja de que en la provincia donde más se produce algodón no se desarrollaba la industria textil en todas sus etapas.

Sin embargo, la premisa de cerrar la cadena de valor del algodón, desde el capullo hasta la prenda de vestir, jamás se quebró en la voluntad de esos luchadores.

La mecha se encendió en 2003, cuando una delegación que organizó la actual senadora Alicia Mastandrea puso a un grupo de empresarios, encabezado por el entonces vicegobernador Roy Nikisch, en la ciudad de Pergamino.

Allí se encontraron con decenas de pymes textiles que fabricaban gran parte de las prendas de marca, que en realidad sólo son una oficina en Capital Federal, con mucho marketing; pero la indumentaria se fabrica en esos viejos galpones, en la provincia de Buenos Aires.

Las casualidades y causalidades hicieron que la crisis se volviera una oportunidad. El pedido desesperado de los socios de la cooperativa El Triunfo de Margarita Belén para que el Estado provincial salve del remate los bienes y las maquinarias fue el disparador, a la postre, para empezar.

A través del fondo fiduciario de asistencia agrícola que conformó el Ministerio de la Producción, se salvó la desmotadora y se firmó un convenio para desmotar el algodón que el mismo Estado adquirió, al intervenir en el mercado para fijar y sostener un precio referencial del textil.

El proceso resultó abarcativo, ya que incluyó a otras empresas y desmotadoras de la provincia, como Warbel, UCAL, Carlos Villacorta de Quitilipi y Traversi de Sáenz Peña.

Luego se convocó a un grupo de mujeres, la mayoría amas de casa, a quienes se las capacitó.
Fuente: La Chaqueña.

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