miércoles, 17 de mayo de 2006

Juan C. Vidarte: Memoria Fílmica De La Universidad

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Pertenece a una generación que cimentó instituciones, bohemia y pulsión artística en una ciudad y una provincia incipientes. Juan Carlos Vidarte es de esos personajes que unifican facetas de la vida chaqueña desde distintas disciplinas y atan hilos de nuestra historia, que no por reciente deja de ser determinante.

El nacimiento de la Universidad Nacional del Nordeste, las tertulias plagadas de debates filosóficos en el Sorocabana, Guido y Piacentini, Cine Arte y política, Savelio Yurkevich y el dibujante Cao. Todo y todos están presentes en una personalidad que atesora recuerdos valiosos y mantiene una lucidez digna de ser compartida.

Fue, durante cuatro décadas, el jefe del Departamento de Audiovisuales de la Universidad Nacional del Nordeste, UNNE. Desde allí, quizás privilegiado por la lente de la cámara en mano, fue testigo y protagonista del nacimiento y afianzamiento de la institución académica:

"La UNNE nació con un gran poder crítico y, sobre todo, con la firme intención de revertir el anquilosamiento de otras universidades, como la de Buenos Aires o Santa Fe", recordó. "Por eso la Secretaría de Extensión Universitaria tenía rango de facultad, y por eso el presupuesto acorde y un lugar adecuado en el organigrama."

Esa necesidad de superar una vida académica estática y conservadora fue lo que permitió la intervención de profesionales e intelectuales de otros puntos del país, congregados en Corrientes y Resistencia con la prometedora misión de desarrollar otro concepto de altos estudios. Sin embargo, Vidarte no evita la dimensión crítica de su memoria:

"Fue una de las primeras universidades con criterio regional; aunque, con el tiempo, Misiones y Formosa fundaron las suyas", en un proceso en el que —a su criterio— será inevitable que Chaco tome su propio camino. "Es que el equilibrio entre ambas provincias no da el resultado que se proclama y, muchas veces, los rectores chaqueños se acorrentinaron, con todo lo que eso implica".

Ese perfil de universidad inserta en el medio, real y no discursivamente, fue uno de los grandes sustentos para crear el Departamento de Audiovisuales, cuyo concurso fue ganado por Vidarte, en primera instancia. "Por entonces, se firmó un convenio con el Instituto Agrotécnico y comenzamos a rodar películas documentales sobre la cuestión de la siembra y sus implicancias", recordó.

"En aquel tiempo, el gobierno utilizaba material audiovisual de Estados Unidos; y eso provocaba un escozor comprensible entre los gringos de nuestra región."Vidarte recuerda que aquellas películas mostraban una realidad ajena a los productores agropecuarios, generalmente inmigrantes o descendientes.

"Se veía a los productores subidos a modernos tractores, cuando ellos usaban el arado de disco; o atendían por teléfono a su mujer, desde el surco, cuando los llamaban a almorzar … Todo muy idílico y extraño para sus vidas cotidianas." Ese cruce de culturas marcaba, por entonces, un desfase en la comunicación, que muy rápidamente fue diagnosticado, y superado.

"Comenzamos a rodar, en Misiones, la primera película, que todavía guardo", reconoce Vidarte. "Teníamos una camarita muy chica, de 16 milímetros, con la que hicimos lo que pudimos; porque, encima, en nuestra cabeza, teníamos un vuelo impresionante para hacer cine."

Recuerda, en ese plano, la histórica proyección —en la provincia vecina— de ese primer trabajo. "Nosotros llevamos un camión con equipo electrógeno para proyectar la película y nos encontramos con una gran sorpresa: a pesar de nuestras fallas técnicas y nuestro delirio cinematográfico, la película permitió que la gente se identificara con lo que estaba viendo, reconocía su perro, al del campo vecino, los caminos de su zona".

El gran bache cultural, que hasta entonces fue un escollo, fue superado rápidamente por una simple y mágica fórmula: producir audiovisuales propios, para nuestra gente, con códigos comunes y perspectivas compartidas.

Siguieron, luego, más de cuarenta títulos hasta mediados de los 80 y, un poco más, a mediados del 90, cuando se jubiló y retiró de la actividad. "Nunca supe qué pasó con el cargo ni por qué no volvieron a concursarlo", admitió. "La verdad es que muchos rectores miraron para otro lado y se perdió un espacio de valor incalculable."

"Con Guido compartíamos, incluso, un departamento en Buenos Aires, cada vez que viajábamos", recordó Vidarte sobre el intelectual socialista que sistematizó la historia y sentó las bases de la identidad de esta provincia. "En aquellos años, nos reuníamos todas las noches en el Sorocabana, hasta que cerraba sus puertas; y seguíamos, en los bancos de la plaza, con nuestras discusiones."

Selecto grupo de videntes, charlaban de filosofía y superaban la instancia del café. "Estudiamos desde Marx a Nietzche, entre tantos clásicos de la época." Y, paralelamente, dieron vida al mítico Cine Arte, proyecto que permitió, entre otras curiosidades, que los filmes de Bergman se vieran en Resistencia antes que en Buenos Aires.

"Gerardo Ventolila fue pieza clave en esta historia de amor con el cine; y creo que la formación intelectual por un lado y la artística por otro fueron los fundamentos para el trabajo que realizamos posteriormente."

Las continuas proyecciones de títulos de alta calidad artística se sucedían religiosamente en el Cine Sep o en el Marconi. Pero, por entonces, cada pantalla encendida era parte de una historia que se tejía con pasión y delirio. Como parte de una Resistencia donde su burguesía redoblaba las apuestas para un crecimiento digno y legítimo.

"Antes había participado del Coro Polifónico y era asiduo del Fogón de los Arrieros, por mi amistad con los hermanos Boglietti", recuerda, como para graficar esa explosión fundante. Aquí y allá, Vidarte —como otros tantos— dejaba su pasión y su tiempo en distintos proyectos sin importar el costo del cuerpo y la mente.

Quizás por eso es comprensible la participación activa y pasional en la crítica de cine publicada en NORTE durante la década del 70 o el ciclo de publicaciones pedagógicas, en estas mismas páginas, sobre el proceso de producción cinematográfica.

Durante mucho tiempo, y en distintos contextos institucionales, Vidarte desplegó su trabajo docente, siempre en torno del cine, con cursos y talleres. "Enseñar es diferente de producir; pero igualmente satisfactorio."

El costado artístico convivía, por esos años y sin conflicto, con la actividad inicial de Vidarte: el piloteo comercial. Recuerda que, hasta sus épocas de juventud, la formación de los pilotos se realizaba en Estados Unidos, hasta que en nuestro país se abrió la primera escuela, de la que egresó para iniciar rápidamente la actividad específica.

"Cada vez que hacíamos prácticas o pruebas, elegía la línea Reconquista, donde me tomaba un tren que siempre tenía problemas para llegar a Resistencia", recuerda. Fueron tiempos cuando conoció a su compañera de toda la vida y, quizá, el pasaporte para asentar definitivamente su vida en esta tierra: "Estaba a punto de embarcarme para Colombia; ya que, desde que en Argentina se formaron pilotos, éramos convocados desde distintos lugares de Latinoamérica".

Pero la historia ya estaba signada y los años siguieron marcando su pulso. Una vez iniciada la etapa académica, otros vientos soplaron en su vida, con hijos, proyectos y, sobre todo, con nuevos títulos por filmar.

Luego del iniciático filme Suelo de monocultivo —aquél, rodado en el 62 y proyectado en Misiones— vinieron otros trabajos, en general ligados con la actividad agropecuaria. En algunos casos sobre el proceso de trabajo; en otros, sobre nuevas tecnologías incluidas en la vida del campo.

En su libro Los inicios de la Universidad Nacional del Nordeste, Roberto Gustavo Pisarello Virasoro registra que la creación del departamento audiovisual se produjo "al discriminar los recursos para tocar la sensibilidad del público produciéndole impresiones que estimulen su sed de conocimientos y le hagan asequibles determinados procesos científicos fundamentales o comprensibles y asimilables los objetos de arte, los adelantos técnicos que tienen ante sí como una herencia social apta para ser disfrutada sin diferencias".

"Rodamos varios trabajos, en 35 y en 16 milímetros", recordó, a la vez que puso énfasis en el desafío de ocupar el oeste chaqueño, entre el 79 y el 81. "Filmamos muchos documentales en ese contexto: nacía Fuerte Esperanza y el desafío era acompañarlo desde la pantalla", recordó.

Sin embargo, nada superó la calidad y el éxito de su principal título, Oscar Medina, artesano, que logró el segundo premio en el Quinto Festival Nacional de Filmes de Arte, convocado y organizado por el Fondo Nacional de las Artes. "Ese documental data de 1971, retrató al ceramista de Villa Sarmiento y tuvo una gran repercusión, ya que se impuso entre más de cien postulantes", recuerda.

Las distinciones y logros no impidieron, sin embargo, que los cambios tecnológicos marcaran otros rumbos. "Cuando llegó el video, me encontré con otra cosa; pero igualmente apasionante", dijo. "Con el nuevo lenguaje realicé el ciclo Testimonios, en el que quedaron retratados grandes personalidades de nuestra provincia, muchos de ellos ya fallecidos, como Guido Miranda y García Pulido. Y lamento que Carlos Primo López Piacentini haya fallecido tan repentinamente porque estaba agendado para ser entrevistado para ese ciclo."

La historia vivida, sin embargo, no tiene el futuro entre sus capítulos prometedores. "Creo que se perdió gran parte de los materiales que realizamos", lamenta el realizador. "Es una pena; porque, además, también se perdió el espacio. Y eso me pone triste, porque ahí pusimos mucho trabajo.

"Algunas de las obras, reveladas en Buenos Aires, también ser perdieron de los laboratorios que cambiaron de dueños sucesivamente. "Las copias que quedaron aquí seguramente no están resguardadas en lugares aptos, con luz y humedad adecuadas; de manera que, si existen, seguramente tienen sus colores modificados.

"La mirada contemporánea echa también un manto de pesimismo sobre la actividad actual. "Lo poco de documental que vi de los últimos tiempos carece de estructura", remarcó. "Creo que en todo el país el género está en retroceso. Hay que mirar los canales de España o de Chile para ver buenos documentales. Ellos sí que están comprometidos y saben lo que hacen."

Vidarte revuelve el café y mira con curiosidad la cámara digital de nuestro reportero gráfico. "Estas digitales ya no sirven para hacer buenas fotos", dispara. "La imagen es chata y no tiene larga vida."

Deja la cucharita y posa la mirada en la calle. Sabe de lo que habla. Parece increíble; pero, en esta provincia, los que hicieron historia están vivos y dan su testimonio. Un privilegio que cuesta dimensionar. Un lujo que nos pone, cara a cara, con los protagonistas de nuestro propio devenir en el mapa.
Fuente: Chaqueña.

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