sábado, 20 de enero de 2007

Falleció Zulema Leiva, La Enfermera De Villa Berthet

Nurse
VILLA BERTHET (Norte).- Zulema Leiva, enfermera de alma, que durante cuarenta años se consagró al noble servicio de curar e incondicional mamá del corazón, falleció a la edad de setenta y ocho años.

Zulema, simplemente como todos la llamaban, es considerada una de las primeras enfermeras que hasta muy poco tiempo se la veía transitar vigorosa por las calles en su vieja compañera: la bicicleta.

Fue elegida Mujer del año 2006, para representar a nuestra localidad en la elección de la Mujer del Año en el ámbito provincial. Fue un merecido homenaje para esta mujer que supo brindarse a la comunidad sin escatimar esfuerzos a lo largo de su vida desde su noble profesión de enfermera, a la que se suma que varias veces fue "madre de corazón".

En el 75º aniversario de la localidad, Zulema una vez más fue homenajeada por las escritoras Elisa Morel y Ofelia Victoria Gómez, teniéndola como protagonista en "Mujeres Berthenses".

Muchos son los que recuerdan con gratitud, por haberlos ayudado a ver la luz del mundo, es el caso de Abel Rojas quien con sus versos brindó este homenaje que tituló: Zulema, "Vieja Enfermera".

"Al norte de su región, Zulema Leiva marchaba, Villa Berthet, la esperaba - para darle una profesión - trabajó con aquel doctor - don Pedro Raúl Salica - en esa primera salita - volcando todo su amor.

Santa Fe dejó con dolor - su cuna tierra soñada, de chacras, pampas, cañadas- esteros y cañaverales, por blancos algodones, adorno del sueño aquél, de una joven mujer, semilla en los quebrachales- Sus ojos color trigales alumbraban el anochecer, la vida le dio placer, dolor, sufrimiento y llanto, ella era ese encanto, cual lirio al amanecer, enfermera amiga fiel, se escondían en ese manto.

Y un uniforme blanco- surcaban en Villa Berthet, cosas que de ella sé en verso voy a hilvanar, mis letras quieren llevar, alivio a su vejez. Una gran enfermera fue, no tiene precio su andar, Dios quiso premiar con un puñado de nietos, frutos de alumbramientos, que ella supo atender.

Me contaron de ese otoño que pintaba de negro el cielo, entre truenos y relámpagos brotó de la sala un llanto y la de uniforme blanco, le daba gracias a Dios por que allí llegaba yo, por ver la luz de este pueblo.

Envuelto en mil remolinos, la tempestad azotaba, ella que trajinaba sin temblarle las manos, rezando aquel rosario con fe de buen cristiano, heredaba yo ese bautismo, hoy no tengo cómo pagarlo.

Así llegaste a mi pueblo, en aquel viejo tren, ya nada queda de la estación de madera, donde bajó una enfermera, luciendo chaqueta blanca, acunando aquella distancia, el ayer de una primavera, por eso es que yo quisiera- rendirle honor a su pasado, donde sus sueños quedaron en años de enfermería, guardias de noches y de días, apagando dolor y fiebre, aquél que no te recuerde no puede querer la vida".
Del libro "Mujeres Berthenses".

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