martes, 16 de enero de 2007

Un Maestro, Con El Pincel Y En La Vida

Painter
Cuando las páginas de este diario salgan a la calle, un enorme barullo se escuchará en Salta 159, donde funciona el Taller Integral de Arte. Allí, amigos, discípulos, colegas y familiares de Julio Zalazar lo recibirán con una fiesta sorpresa que celebra sus 60 años.

Pero el festejo no es sólo por su obra, sino por su vida misma, en la que cosecha diariamente afectos, admiración y respeto.La trayectoria de Zalazar, como ocurre con esos artistas de profusa actividad, es imposible de sintetizar.

Desde sus primeras exposiciones registradas en 1973 hasta la actualidad, el artista plástico desarrolló permanentes y cuantiosas muestras, tanto individuales como colectivas.

Sin embargo, mas allá de la pintura de caballete y sus implicancias como los premios y los salones- la propuesta de Zalazar se caracteriza por un abordaje al mundo del arte desde distintas perspectivas, por distintos lugares de entrada.

Fue, durante décadas, docente del Instituto de Bellas Artes de la Provincia "Santiago Pértile", institución que lo convocó en octubre del año pasado a ofrecer una charla sobre su obra, para sus alumnos. Allí, Zalazar desnudó su pasión por el arte y bregó por un compromiso más encarnado. Se jubiló en 1991, tras 25 años de ejercer la docencia.

Sin embargo, la pasión por enseñar no cejó: en 1997 creó, junto a la profesora Graciela Lamberti, el Taller Integral de Arte, de donde emergieron camadas de nuevos artistas, muchos de ellos con gran protagonismo en la escena plástica local.

Allí imparte las reglas básicas de la pintura, dibujo, escultura, cerámica, grabado y otras tantas disciplinas que desentrañó en sus años de trabajo. En ese ámbito, trabaja con los adultos y produce, cada año junto a su colega, infaltables muestras para cerrar cada período.

Paralelamente a la pintura de caballete, Zalazar desplegó un interesante trabajo en la artesanía, mundo que integra técnicas populares con proyección artística. En ese plano, fue fundador con Mabel Canto del mítico Taller Sol, ubicado en Salta y Vedia. En el local se comercializaban y difundían obras de sus autorías y ajenas, además de dictar talleres.

Esta experiencia, que duró hasta el 88, fue continuidad de una serie de actividades y coyunturas valiosas: Zalazar fue becado por la Organización de Estados Americanos y participó del VII curso interamericano para Artesanos Artífices, que se desarrolló durante un mes en Cuenca, Ecuador.

Paralelamente continuó su férrea participación en encuentros y ferias artesanales en la provincia, la región, el país e Internacionales, en Paraguay y Brasil.

En el 2002 se destaca la preselección de su obra Máscara Artesanal, para el Premio que otorga la Unesco, para las artesanías de Latinoamérica.

Por su parte, el Paseo de Artistas y Artesanos lo tiene como un protagonista permanente. Muchos domingos de estos años fue el artista que montó sus cuadros en el lugar para sumarse a la movida y acompañó los procesos grupales y colectivos con singular compromiso. Por ello, los artesanos del lugar le otorgaron sucesivos reconocimientos y premios.

Este pie puesto en la artesanía no es casual. Forma parte de la mirada de un artista que, en la soledad del taller o la oficina de un funcionario, siempre buscó ampliar la mirada de la gente, y sus implicancias, sobre cada hecho artístico.

Aunque la obra de Zalazar forma parte de cuantiosas colecciones privadas y acervos públicos, hay una serie de trabajos que se destacan por sus características. Se trata de producciones realizadas en co-autoría con Félix González, polémico y ya fallecido artista y docente.

Uno de ellos es el Cristo que ambos tallaron para la capilla Nuestra Señora de Itatí, de Villa Chica. La enorme escultura demandó un importante esfuerzo plástico y humano para los artistas que la fecharon en julio de 1979.

Ese mismo año, pero en febrero, restauraron las estaciones del Vía Crucis de la Iglesia Catedral San Fernando. La convocatoria a Zalazar desde la iglesia católica tuvo un gran antecedente ya que fue el artista quien diseño todos los vitrales que hoy ostenta el edificio religioso.

Más allá de los datos, los números, fechas y museos, Zalazar y su obra conforman una unidad en la que uno se justifica con el otro. De otra manera, no son posibles los afectos, la admiración y el reconocimiento que el hombre y el artista reciben cada día.
Fuente: Diario Norte.

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